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miércoles, 1 de agosto de 2007

To choose or not to choose


De vuelta en mi casita virtual, les agradezco por la paciencia con la que siguieron visitando mi blog y comentando a pesar de mi ausencia.

Una vez dicho esto, les comento que durante mi estadía en las sierras, la pasé de maravillas. Mi viaje fue muchísimo más productivo de lo que yo misma esperaba. No sólo me animé a tomar decisiones importantes para mí, sino que aproveché mi tiempo libre para replantearme muchas cosas.

Los que siguen frecuentemente LME sabrán que comencé este blog en momentos realmente tormentosos. Luego de eso, tuve altibajos, pero volví a salir adelante. Sin embargo, la felicidad se constituye sólo de momentos y nunca estamos exentos de los problemas. Sin embargo, esta vez decidí considerar (o tratar de considerar, al menos) las cosas desde otro punto de vista. Veamos...

Cuando estoy atrapada en una mala racha, suelo preguntarme “¿Por qué me pasa esto?” o si alguien me lastima, me digo “¿Cómo me pudo decepcionar así?” No obstante, me di cuenta de algo que seguramente la mayoría de ustedes sepa, pero yo no fui consciente de ello hasta hace muy poco. Si algo me pasa, en el 99% de los casos, se deberá a mis propias elecciones. Por supuesto que aquí, no me estoy refiriendo a una enfermedad o a un accidente, casos en los que uno puede hacer muy poco para evitarlos.

Durante la mayor parte de mi vida no fui consciente de que, incluso al NO elegir estaba eligiendo. Inclusive en aquellos casos en los que creía que no tenía la libertad de hacerlo. Por ejemplo, cuando iba a la facultad, iba porque, en teoría, “tenía que” hacerlo. Sin embargo, yo no sospechaba que una mañana podía levantarme y decir: NO. NO VOY MÁS. Era más sencillo verlo como una obligación a aceptar el hecho de que yo estaba eligiendo seguir yendo. Yo podía decidir abandonar la carrera y hacerme responsable de lo que hubiese acarreado esa decisión. Porque, claro, al ver las cosas como una obligación, uno “zafa” de la responsabilidad que eso conlleva.

Por ejemplo, un hombre que ha sido engañado, decide perdonar a su mujer y volver con ella. Al tiempo, la mujer vuelve a engañarlo. Entonces, él dice: “¿Pero cómo pudo hacerme esto a mí? ¡La relación ha vuelto a romperse por su culpa!” Pst. Qué estupidez. La responsabilidad habrá sido de ambos. De la mujer infiel por haber vuelto a engañar a quien la amaba y del hombre en cuestión por haber elegido a esa mujer una vez más. Al elegir (o no elegir) cada uno de nosotros asume los riesgos que ello implica.

Si alguien permanece en un trabajo que no lo conforma, es por elección propia. Por supuesto, las necesidades jugarán un papel primordial. Pero, él es quien está eligiendo eso.

Lo principal respecto a todo esto es que, desde que tomé conciencia de este hecho, me siento con la capacidad de ir modificando (al menos, gradualmente) todas aquellas cosas que me molestan, que me lastiman.

Todo puede cambiar... y, de hecho, todo cambia. Cambia lo que uno desearía que jamás cambiase y cambia lo que uno quiere que cambie. Y también cambia lo que uno cree que jamás va a cambiar. La mayor parte de las veces, esos cambios dependen exclusivamente de nosotros... pero no nos damos cuenta. Otras veces, ese cambio se da a causa de la decisión de otra persona. Así, el amor se extingue. La amistad se termina. El trabajo se derrumba o se afianza. La paz se vuelve caos y el caos se vuelve paz. Y, si bien a veces duele... también, en otras ocasiones, puede traer mucha felicidad. Nada es estático. Todo se renueva constantemente. ¡Menos mal! ¿Se imaginan lo aburrido que sería todo?
.
Antes de terminar, les cuento algo: durante estos días también estuve pensando en cerrar mi blog. Creo que por cuestiones de SBFI... no lo sé. Sin embargo, me puse a pensar en los momentos de alegría que ustedes me han brindado y decidí exprimirme el cerebro un poco más y ver qué sale. No quiero dejarme ganar por mi inconstancia, así que volví sobre mis pasos y, por el momento, he elegido que haya LME pa’ rato.

No sé bien por qué estoy escribiendo esto... quizás, simplemente, por elijo hacerlo. Y ustedes habrán elegido leerlo o no. Y algunos elegirán comentar o no... y eso es muy bueno.

lunes, 4 de junio de 2007

Teoría (para leer entre líneas)


Tengo una teoría. (¡Que se pare el mundo! ¡Una teoría revolucionaria! Ja)

El 97% de las veces que una amiga soltera quiere presentarnos a un amigo suyo, el sujeto en cuestión termina siendo un opa. ¿Cómo llego a esta conclusión? Simple: Nuestra amiga comienza a hablarnos maravillas sobre su amigo: “Ay, no sabés... tengo un amigo para presentarte... es divino, re buena persona, súper simpático...” Entonces aquí viene mi pregunta: Si el hombre en cuestión es tan maravilloso y ellas también están solteras ¿Por qué no se lo quedan?

Por supuesto, habrá excepciones. Quizás se quieran casi como hermanos y jamás puedan concebir una relación amorosa entre ellos o la típica frase “No es mi tipo”. Claro que eso puede ser verdad, pero en la mayoría de los casos es sólo una excusa. Si es tan divino, bueno, simpático, caballero, compañero, inteligente, maravilloso y adorable, entonces sería el tipo de cualquiera. ¿O acaso a nuestra amiga le gustan los imbéciles, maleducados, amargos y brutos?

Así, algunas de sus frases de propaganda a la hora de hablar de su amigo deberían traducirse de la siguiente manera:

“Es un divino...” (Es un tarado)
“Es súper cariñoso...” (Es un pesado)
“Tiene alma de artista...” (Es un chiflado)
“Es RE simpático...” (Es más feo que el cuco mismo)
“Es bueniiiísimo...” (Es un boludazo)
“Es de lo más inteligente...” (Es un nerd)
“Es una persona re centrada...” (Es aburrido)
“Es muy familiero...” (Vive colgado de las faldas de su madre castradora)

Antes de que este post llegue a su fin, reitero dos puntos importantes antes de que se me hagan los loquitos y salten como leche hervida, je

Primero, hay excepciones (que confirman la regla, of course)
Segundo, esta teoría se aplica a ambos sexos.

He dicho.

sábado, 12 de mayo de 2007

Abajo con el mito

No. Es una mentira que los niños y los borrachos dicen siempre la verdad.

He escuchado a pequeñas criaturas asegurar con acadabrante convicción que su madre los llevó a pasear "en nave espacial" o que su padre mide "7 metros de altura". Y he sido receptora de frases tales como "Estoy enamorado de vos" o "Te amo" por parte de ebrios muchachos que, ni siquiera, conocían mi nombre.

Es verdad que, en ocasiones, la niñez y el alcohol (no combinados, por supuesto) son fuente de borbotones de sinceridad pero no estoy de acuerdo con la regla que generaliza su verdad irrefutable.

¿O seré demasiado incrédula?

jueves, 3 de mayo de 2007

A las palabras se las lleva el viento...


Yo: Mauro, no hiciste la tarea...
Mauro: Sí, la hice.
Yo: Ah, ¿Y dónde está?
Mauro: Ahí, en esa hoja.
Yo: Pero acá no veo nada.
Mauro: Te juro que la hice.
Yo: No me mientas, Mauro... Acá no hay nada.
Mauro: Pero ¡Te lo juro! ¡Te juro que la tarea estaba en esa hoja! ¡¡¡¡Desapareció!!!!

Está comprobado: mis alumnos me ven cara de boluda, nomás.

viernes, 20 de abril de 2007

Nada tan deseado como aquello que no se posee

Suelo llevar un cuadernito en el bolso. El 95% de las veces, no lo uso, pero el hecho de saber que lo tengo a mano en caso de necesidad, me produce una tibia calma.


Hoy me lo olvidé. Llevé la lapicera pero dejé el cuadernito sobre la mesa de casa.

De repente, empecé a sentir la urgencia de tenerlo conmigo. Se me vinieron a la cabeza billones de ideas para postear (¡Fah... qué 'sagerada!), direcciones que necesitaba anotar sí o sí, una lista de nombres de personas con las que me urgía comunicarme luego y la imperiosa necesidad de asentar por escrito hasta mi DNI, fecha de nacimiento y domicilio, en caso de golpearme la cabeza accidentalmente y olvidar aquellos datos tan importantes.


Me di cuenta de que estos pequeños caprichitos, me suceden bastante a menudo (aunque, afortunadamente, no duran demasiado).


Por ejemplo, cuando me doy cuenta de que salí a la calle sin haber llevado un abrigo "por las dudas", empieza a darme frío. No me importa que haga 35º a la sombra, ni que todos a mi alrededor se paseen en musculosa y ojotas. Ah, no. Yo necesito mi campera, mi pulóver, mi polera. ¡A ver si más tarde refresca!


Cuando me quedo con $1,50 de saldo en el celular, se me antoja abusar de los mensajes de texto y llamar a todo el mundo (inclusive a aquella tía un poco sorda con quien jamás hablo). Y cuando me quedan pocos cigarrillos, siento la implacable urgencia de fumar el triple de lo habitual.


Sin embargo, una vez que le pongo fin a la carencia en cuestión, me doy cuenta de que no era pa' tanto. Miro el cuadernito y no se me ocurre qué escribir. Ando todo el día con la campera en la mano, muerta de calor. Cargo crédito en el celular y no tengo ganas de usarlo. Me compro puchos y me siento asqueada de fumar.


Es verdad lo que se ha dicho: "La posesión es el sepulcro del deseo."

miércoles, 18 de abril de 2007

Ahora no te necesito, bobo


Cada vez que NO tengo que tomar ESE colectivo, el muy infeliz, PASA.


miércoles, 4 de abril de 2007

Tiempo perdido


Es un hecho:
Los relojes se detienen en las salas de espera.

lunes, 2 de abril de 2007

Ya no busco más


Hace más o menos un mes, estaba buscando unos apuntes de mi breve paso por la Facultad de Periodismo. Nunca los encontré.


Hace cinco minutos, estaba buscando un mazo de cartas y encontré los apuntes que hace un mes me hubiesen venido tan bien.


De modo que, lo más probable, es que de acá a treinta días encuentre las cartas.


Es así: Cuando uno no busca algo... siempre lo termina encontrando.

domingo, 1 de abril de 2007

El tiempo sin ti es... empo


Diferencias de los encabezados de dos mails enviados por la misma persona:


MARZO 2005:



Hola preciosa, ¿Seguís tan linda como siempre?


MARZO 2007:



El ACTIMEL provee al organismo una sustancia llamada L.CASEI. Esta sustancia es generada...



No hay vuelta que darle... los años aniquilan la pasión.

viernes, 30 de marzo de 2007

Queda demostrado:


Cada vez que me tengo

que levantar TEMPRANO

a la mañana siguiente,





NO me puedo dormir.

martes, 27 de marzo de 2007

Red, red, red