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domingo, 1 de julio de 2007

El SBFI (Síndrome del Bloggero Falto de Inspiración)

Cuando alguien se embarca en las aguas de la blogósfera, en general, lo hace por su afición por la escritura y porque siente que tiene ideas para compartir. El entusiasmo inicial lo hace creer que su mente será fuente inagotable de ideas pero ¡Oh, sorpresa! Llega un momento en la vida de todo bloggero en el cual aparece el SBFI, una suerte de writer’s block.

El bloggero sigue queriendo su casa virtual como siempre, pero la inspiración se hace esquiva. Así, recorre las calles en busca de una anécdota sobre la cual postear, viaja en el colectivo observando detenidamente a su alrededor para ver si una de las embarazadas del primer asiento da a luz en pleno viaje o si la pareja que está sentada detrás nuestro comienza una hilarante discusión a los gritos, analiza su día en busca de algún suceso que sirva como post-material, y por su mente cruzan frases que puedan resultar posibles disparadores de un texto nuevo:

“Cinco maneras de... ehm... cinco maneras de... uhm...”
“Una buena forma de... no, no... una excelente forma de... tampoco, uf... una forma de--”
“Mi vecino sacó a pasear a su perro y... ufa, a este tipo nunca le pasa nada. No sirve.”
“Siempre pensé que... ehm... no, no da para un post.”

El bloggero bajo los efectos del SBFI se siente ante un abismo: cuando intenta avanzar con una idea se encuentra con el vacío. Uno de los síntomas característicos es preguntarse “¿Dónde se fueron mis ideas?”. Este pensamiento suele ir acompañado de una marcada frustración y un grado bastante alto de preocupación.

Sin embargo, queridos amigos, tengan en cuenta que el SBFI es una condición temporal que se cura sola. No se necesitan medicamentos, ni visitas al médico. Se va tal cual llegó. Es cuestión de tiempo para que las ideas vuelvan a fluir.

Eso sí, también existe el karma bloggero, de modo que si están bajo los efectos del SBFI nunca roben ideas... nada peor que un bloggero chorro, ok?

miércoles, 13 de junio de 2007

Inversamente proporcional

* Cuanto más cansada estoy, menos puedo conciliar el sueño.

* Cuantas más cosas tengo por hacer, menos ganas tengo.

* Cuantas menos cosas tengo por hacer, más ganas tengo de hacer cosas.

* Cuanta menos plata tengo, más cosas me quiero comprar.


Y una, la más grave...

* Cuantas más ganas tengo de ser feliz, menos hago por lograrlo.


No, no soy una jodida (bueh... no soy tan jodida). Simplemente, son momentos en los cuales me domina el mundo de lo inversamente proporcional y se suman las contradicciones.


Este post, de hecho, surge de otro ejemplo:

"Cuantas más ganas tengo de postear, menos ideas tengo"

sábado, 28 de abril de 2007

Frustraciones modernas


No puedo. No puedo. No puedo. No puedo. No puedo. No puedo. No puedo.
No puedo. No puedo. No puedo. No puedo. No puedo. No puedo. No puedo.


No puedo cambiarle el template a mi blog. Sigo obedientemente los pasos, pero hay algo que no funciona (o, mejor dicho no sé cómo hacer). Y ¡Quiero cambiarla! Ahora el simple hecho de tener ganas de cambiar mi plantilla, se ha transformado en una urgencia... una imperiosa necesidad que no sé cómo solucionar.


No hay caso, che... no me dejan que progrese.

sábado, 21 de abril de 2007

Blank

Qué feíto cuando tenés tiempo libre, ganas de escribir... pero no se te ocurre nada. Mente en blanco, bloqueo, aburrimiento, frustración.

Me hago unos mates a ver si se me pasa la sequía mental. (...) Puse la pava. Espero. Recurro al mp3. Tal vez Tori Amos me dé una mano. Silent all these years. No, no ayuda. Y el agua que no se calienta. Pienso en mi mal humor. ¿Será la lluvia? "Te estás volviendo media guacha", me dice, jodiendo, mi viejo. Puede ser que sí, puede ser que no. No voy a lamentarme por estallar frente a lo que me indigna. Vamos a ver si me pongo las pilas con esto de dejar de fumar. Llueve y quiero tortas fritas. No... mejor, no quiero. No es un deseo genuino, sino un mandato impuesto por la tradición de los días lluviosos. Hasta contra eso me rebelo. Mi psicóloga va a preocuparse. Pobre... creo que, en cualquier momento, se jubila... o me jubila. O me encierra ¿Quién sabe?

Miro el pobre celular, ahí, dormitando junto a la PC, sobre el escritorio. No vibra. No suena. No nada. Sigue lloviendo y el agua que no se calienta. Sigue lloviendo y yo sin nada qué escribir (No estoy 100% segura sobre el acento en la "e" del "qué").


Uy, el agua está casi lista y al final terminé escribiendo. Bueh, che... ya sé que no produje nada interesante, pero, por el momento, es lo que hay.

martes, 3 de abril de 2007

¡Canté "pri"!


Hace un par de semanas tenía que comprar un manual de cuarto grado para mi primito. Es bien sabido que marzo es un mes de locura en las librerías, y este caso no fue la excepción. Luego de recorrer varios locales, sin suerte ("Pasate la semana que viene", "Sólo lo traemos por encargo", "No trabajamos con esa editorial", "Acabo de vender el último"), entré a una librería repleta de adolescentes desganados y madres desesperadas.

Supongamos que si iban por el número 45, yo tenía el 1.622. En fin... en la vida todo llega, y la distancia entre el 45 y el 1.622 es grande, pero no eterna, de modo que (largo rato después) una de las desquiciadas empleadas se acerca al mostrador y relojea los números de los clientes ya atendidos. Como si se tratase de una proyección en cámara lenta, va abriendo la boca, veo que sus labios están a punto de pronunciar el maravilloso "milseiscientosveintiuno"... un número antes que el mío. Me siento una maratonista que vislumbra la meta después de incontables kilómetros recorridos, con los pies ampollados y la camiseta transpirada...

"Mil seiscientos veintiuno...!" El bullicio es enorme, pero no se logra escuchar al poseedor de dicho número. "Mil seiscientos veintiuno...!" Nadie reclama atención. Lo lógico es que llegue mi turno ahora. A los codazos me abro paso entre la multitud embriagada de olor a Liquid Paper y colores fluorecentes de cartucheras de Las Chicas Superpoderosas, cuando una mujer, una clienta, una madre desesperada, una maleducada, una desubicada, una self-centered bitch se arroja al mostrador cual arquero atajando un penal de definición en pleno Mundial y ladra: "Bueh, bueh... no está, atendeme a mí que tengo el 5.498." (¡!)

Ahhhh nooooo... me digo indignada. ¿Esta mina no sabe contar? En una milésima de segundo, intento decidir entre tres opciones: (1) Me acerco y gentilmente le explico que es MI turno, (2) Le grito desaforadamente insultos de toda clase mientras la jalo de sus mechas grasientas y obligo a la empleada que me atienda A MÍ primero, o (3) me largo a llorar desconsoladamente. Por fortuna, otra empleada se desocupó y me salvó de cometer un papelón.

Ahora bien... ¿Por qué me molestó tanto la actitud de esta desubicada y desconsiderada? Evidentemente, hay acciones mucho peores por parte de una persona...


Salí del local, con el libro encargado y el recibo de la seña en la mano, pensando en los motivos que habían logrado alterarme tanto. Haciendo asociación libre, recordé todas esas situaciones en las que algo o alguien te gana de mano... algunas de ellas, por demás cotidianas, pero que logran exasperar a cualquiera:

- Cuando el viento le gana de mano a tu peinado de peluquería antes de llegar a una fiesta;
- Cuando el fuego le gana de mano a tu memoria y se te quema la comida;
- Cuando fichaste un par de zapatos durante quince días y, una vez que cobraste, vas ilusionada a la zapatería para enterarte que “la chica que acaba de salir se llevó el último par en tu número”;
- Cuando una reventada te ganó de mano y se encanutó al hombre de tus sueños;
- Cuando las palabras le ganan de mano a tu sentido común y terminás articulando frases tales como “No te quiero ver nunca más en la vida, pendejo de mierda”, cuando en realidad lo único que querés es postrarte frente a él y rogarle que no te abandone...

Anyway, hay miles de situaciones en las cuales las circunstancias nos ganan de mano pero, en mi opinión, la peor, la más triste, la más peligrosa, es aquella en la cual la desesperanza le gana de mano a la fuerza de voluntad.

miércoles, 28 de marzo de 2007

No Smoking


9.30 AM

Este atado me tiene que durar, mínimo, hasta pasado mañana.


11.30 PM (del mismo día)


¡No te puedo creer, che! ¡A esta hora me vengo a quedar sin puchos! ¿Habrá algún kiosco abierto por acá?

Caos

9:30 AM:

Hoy, sin falta, ordeno la pieza.


11:30 PM:

Uy, la put... se me pasó el día, y al final tengo más quilombo que antes!